Este templo está dedicado a  Vishnu y se llama Ranganatha Swami. En realidad es como una gran ciudad y no deja de sorprender el número extraordinario de vendedores que se encuentran en el lugar, evidenciando, una vez más, hasta qué punto el hindú  ha logrado a lo largo de toda su historia espiritual combinar lo sagrado con lo profano, lo sublime con lo más cotidiano.

El que empezó siendo un pequeño templo levantado por los chola,  terminó convirtiéndose en un impresionante  complejo religioso, en honor del amoroso y omnipoderoso Vishnu. Cuenta con siete murallas y veintiún gopurams, que van del siglo XIV al XVII. Hay que contemplar el santuario de Tirukkuralappam, el Ra-Tha (carro procesional), el santuario de Manava Mahamuni y el templo de Venugopala, con excepcionales alto-relieves y hermosas pinturas murales del s XIV, así como el extraordinario mandapa con esculturas de caballos, a destacar, con mucho, el mandapa de las mil columnas, soberbio en todos los aspectos, uno de los más impresionantes de la India.