Durante los últimos millones de años, en el vértice sur de la isla de Gran Canaria, se ha ido forjando un singular espacio, el sistema dunar de Maspalomas, caracterizado por la presencia de grandes dunas que avanzan desde la playa de El Inglés hacia la de Maspalomas y la desembocadura del barranco de Fataga. En su formación, los procesos fluviales y marinos han sido determinantes, pues de su interrelación surgió una planicie deltaica de unos cuatro kilómetros cuadrados.

Este delta, generado al resguardo de una terraza alta pleistocena (que hoy sustenta la urbanización de El Inglés), fue el escenario en el que se sucedieron, e imbricaron, diferentes ambientes (lagunas litorales, dunas, saladares, playas de arenas y de callaos), que conformaron un basamento constituido por depósitos sedimentarios aluviales, eólicos, marinos y lacustres.

Entre los bienes patrimoniales que posee el municipio, destaca su imponente Faro de 55 metros de altura. Está situado al inicio de la playa de Maspalomas, haciendo de límite con Meloneras, formando parte indisoluble del paisaje meridional de Gran Canaria. La silueta del Faro de Maspalomas se recorta por encima de las edificaciones y del palmeral, testigo centenario de otros tiempos en los que constituía la única construcción existente en este punto de la isla. La luz del Faro de Maspalomas se encendía en 1890. Las obras para su construcción se prolongaron durante 28 años. Servía de guía a los barcos que cubrían las rutas entre Europa y América.

La moderna ciudad empezó a construirse en la década de los 60 y toma su denominación de la nomenclatura geográfica tradicional de la zona y del antiguo poblado de Maspalomas que hoy es un pequeño grupo de casas integrado en el barrio de San Fernando.